domingo, 18 de enero de 2009

Describir un cuadro


Cuenta el propio pintor en La vida secreta de Salvador Dalí que una noche, tras cenar queso de Camembert, se puso a meditar sobre los "problemas filosóficos" de la materias dura y blanda. En 1931, este pensamiento le llevó hasta un cuadro inacabado de un paisaje de Portlligat presidido por un olivo seco, rocas y un atardecer melancólico. Entonces surgió la inspiración: añadió los relojes blandos, que se deshacen quizás cansados de marcar la misma hora, y surgió La persistencia de la memoria, icono del surrealismo y obra capital del pintor ampurdanés. Rodeado de cortinajes dorados y montado sobre un mármol, el óleo sorprende por su pequeño formato (24 por 33 centímetros) y por la emoción pura que logra transmitir. 

El cuadro, conocido popularmente como Los relojes blandos, está lleno de misterio y es objeto de múltiples interpretaciones. La leyenda asegura que fue iniciado en Cadaqués y terminado en París, tras la ingesta del famoso queso blando.

En La vida secreta de Salvador Dalí también se explica la reacción de Gala al contemplar el cuadro por primera vez: "Nadie lo podrá olvidar una vez visto".